El arquitecto, como creador y diseñador, tiene en cuenta cada detalle presente durante el proceso de materialización de un proyecto: desde el principio hasta que se construye, o simplemente, se da por zanjado. Las ventanas, los materiales de las paredes, la gama de colores del pavimento, el hueco que queda entre esa habitación y esa otra… todo es revisado con lupa minuciosamente (o debería) para que el espacio y la sensación que produce en los usuarios sea la adecuada. Es aquí donde entra en juego también el mobiliario y uno de sus aspectos más importantes: el diseño.
En ocasiones, como le ocurrió a Gaudí en la Casa Batlló, los muebles que hay en el mercado no se adecuan a nuestras necesidades y el hecho de poder situar una silla o un armario se convierte en algo imposible. En ese punto es donde se crea algo nuevo por la propia necesidad, con cierto sentido si analizamos el estilo del arquitecto catalán, pero a veces, se necesita algo más.
Un mueble no es solo un conjunto de líneas en un plano o una foto en un catálogo; cada pieza tiene una escala, una textura determinada, capaz de cambiar el sentido de conjunto de un habitáculo. Forma parte de la arquitectura, tanto como una puerta o un tabique divisor, y como tal necesita tener el mismo tratamiento estético.
¿Cómo se vería una mesa de roble maciza en el centro de una oficina diseñada por Norman Foster? Esa exigencia de ajustar todos los componentes del diseño hace que se creen piezas cuyo aspecto es tan innovador que se convierten en tendencias o perduran hasta nuestra época.
Probablemente este modelo de silla sea uno de los más reconocidos: la silla Jacobsen (1955). Como su nombre indica, su creador fue el arquitecto Arne Jacobsen, quien además de esta pieza elaboró toda una serie, completada por un sillón, una silla con ruedas y una silla con base fija. Actualmente el modelo ha evolucionado tanto que se puede hallar en infinidad de colores, materiales y tamaños.
Otros ejemplos de mobiliarios planteados por arquitectos son:
La Barcelona de Ludwig Mies Van der Rohe (1929)
El sofá LC3 de Le Corbusier (1937)
El escritorio de Marcel Breuer (1937)
E incluso hay arquitectos que van más allá y se atreven con el menaje del hogar, como Zaha Hadid y su cubertería para WMF.
La idea de contemplar el mobiliario como un volumen más ha hecho que la labor del arquitecto no se vea reducida a solo construir monumentales edificios o plazas, sino también a realizar la función de diseñador, que puede ser una alternativa a considerar de gran importancia, aunque no seamos Zaha ni Foster.
Para ver más artículos interesantes podéis visitar la página: Productos de diseño
BIENAL DE ZARAGOZA DE ARQUITECTURA Y URBANISMO (1992). Muebles diseñados por arquitectos. Zaragoza: Abitare.
Fotos: enlazadas a las imágenes publicadas (24/02/2012)













